Lo que aprendí viendo la televisión: “tú a tu casa y yo a la mía”

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Éste es un post de: Llamadme Feminazi.

LO QUE APRENDÍ VIENDO LA TELEVISIÓN: “TÚ A TU CASA Y YO A LA MÍA”

Lo reconozco, a veces veo el canal de televisión divinity, sé que no es algo de lo que sentirse orgullosa pero, entre series absurdas y programas de reformas, encuentro el descanso que mi cerebro necesita, me digo: “me voy a poner esto para no pensar y dejarme invadir por el patriarcado”, así a lo loco. Pero el caso es que, en ocasiones, también me da por pensar y pongo el radar de analizarlo todo con otra perspectiva, la de las gafas violeta, la perspectiva feminista.

Y aquí es cuando llega uno de los programas que me acompañan el fin de semana mientras desayuno: “Tú al centro y yo a las afueras”. Se trata de un programa en el que parejas, normalmente blancas, heterosexuales y de clase media-alta, buscan una nueva casa. En esta búsqueda cuentan con una pareja, hermana y hermano, que les asesoran en el proceso. Él es experto en buscar propiedades que se adapten a las necesidades en el centro de la ciudad, y ella está especializada en buscar casas en las afueras. Teniendo en cuenta que la acción transcurre en Canadá, las afueras son consideradas a todo lo que diste más de 30 kilómetros del centro. De la pareja que está en búsqueda de hogar, uno de los miembros tiene que preferir las afueras y la otra persona el centro.

Ésta es la premisa principal del programa y ahora viene el análisis. Sin intención de realizar una investigación cuantitativa exhaustiva he observado que la inmensa mayoría de las mujeres que salen en este programa prefieren una casa en el centro y ellos las afueras. Los argumentos son diversos pero muy reveladores:

Ellas

– Quiero estar cerca del centro, de la ciudad, de donde pasan las cosas.

– Quiero estar cerca de tiendas, restaurantes y zonas de ocio.

– Quiero tener cerca el transporte público.

– No quiero pasar mucho tiempo en el coche haciendo viajes y quiero que mi marido llegue pronto a casa de trabajar.

Ellos

– Quiero llegar a casa de trabajar y que mi casa sea un oasis de paz y tranquilidad.

– Quiero estar cerca de zonas verdes.

– Quiero estar cerca de zonas en las que practicar deporte.

– Las casas son más grandes.

Y así en un programa que parece irrelevante se nos vuelven a aparecer, uno tras otro, los roles que tradicionalmente se han adjudicado a mujeres y hombres. Ellas al ámbito privado y ellos al ámbito público, ellas a su casa y ellos a su trabajo, ellas luchando por no aislarse demasiado en sus casas y ellos deseando volver a la tranquilidad del hogar tras pasar todo el día en lo que se considera el ámbito productivo.

Es obvio, tras ver los criterios de las mujeres para vivir en la ciudad, que éstas siguen pasando más tiempo en casa y necesitan estar cerca de otras personas, de mantener sus redes. Para ellas irse a las afueras supone aislarse una vez más a favor de la familia y renunciar a su vida social y su independencia, ellas quieren que sus maridos lleguen pronto a casa para que les liberen, no sólo de la soledad, sino de la crianza de las criaturas para poder darse tiempo a sí mismas, ya sea para ir al cine o ver a las amigas. Ellas no quieren depender de otras personas o del coche para poder salir de casa a relacionarse, a mantener su vida social y personal activa. En definitiva, ellas se aferran a vivir en el centro para no caer una vez más en el ámbito privado y reproductivo, en este caso, representado por una casa en las afueras.

Por el contrario, ellos ven las afueras como ese remanso de paz y tranquilidad, donde la familia crece y es feliz mientras, por supuesto, pasan sus ocho horas trabajando en la ciudad más sus dos horas en el coche en trayectos. Mientras ellos mantienen su vida social y productiva en el centro de todo ir a casa es como el descanso del guerrero, el fin de semana necesario. Ante el argumento de sus esposas de “cariño, esto está muy aislado” ellos responden “pero está cerca de unos campos de fútbol maravillosos para que yo pueda ir a practicar deporte, ya sabes que me gusta mucho salir a jugar al fútbol”; ante el criterio femenino de “esta casa es muy grande, el jardín requiere mucho mantenimiento”, ellos responden “la casa es fabulosa, en el sótano montaré una zona de ocio estupenda”.

Y ahí está la cuestión: para los hombres la casa es su zona de ocio y disfrute, mientras que las mujeres lo ven como un lugar de trabajo en el que pasan mucho tiempo. El ocio necesario de las mujeres está en salir a la calle, relacionarse, visitar museos, ir al cine o sentarse a ver pasar. Se trata de no romper sus redes, lo que sea, pero siempre salir del ámbito del hogar, ese lugar en al que se nos ha relegado a las mujeres tradicionalmente, ese ámbito privado que, de una forma u otra, ya sea en la política, la economía o en la televisión sigue aflorando. Y, pese a todo, las mujeres seguimos luchando por llegar a otros espacios, por estar donde pasan las cosas y posicionarnos en un programa de televisión diciendo “yo no quiero vivir en las afueras” es una forma de lanzar un grito por seguir rompiendo esos roles y estereotipos de género.

A veces pienso si el título adecuado para este programa no sería “Tú a tu casa y yo a la mía”.

Llamadme feminazi

 

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